02-jun-2009

Adios

Todo acaba en esta vida y a este blog le ha llegado su turno.
No voy a soltar una parrafada sobre las razones del cierre del blog ni nada de eso. Simplemente se ha cumplido una etapa y he decidido que era el momento de dejarlo.

Eso sí, me gustaría agradecer vuestra participación a todas y todos los que habeis colaborado de una forma u otra alguna vez en el blog. Sin saber que estabais ahí esto no hubiera tenido ningún sentido.
Os deseo lo mejor a todas las gorditas orgullosas que visitan la página y espero que sigais sintiendoos siempre orgullosas de ser como sois.

Ha sido un placer compartir tantos ratos con vosotr@s.

Un fuerte abrazo cibernetico desde un rinconcito de Andalucía - España.

Mar

Pd.- El blog continuará visible durante algunos días, después será eliminado.

30-abr-2009

Un Baño Caliente

Anoche entré al baño y me desnudé. Abrí el grifo para llenar la bañera y me metí. Me puse de rodillas mientras me pegaba mas al grifo de donde salía un chorro de agua fuerte y tibia. Me apoyé en mis manos y levanté mi culo mientras abría mis piernas hasta donde me dejaba la bañera.

El chorro de agua empezó a acariciar mi ansiosa rajita. La bañera se iba llenando y ya sentía como el agua empezaba a rozar mis pezones. Esto me volvía loca porque me imaginaba que eran pequeños besos húmedos.

El chorro de agua que caía en mi culo me iba poniendo cada vez más caliente. Me hubiera gustado que el agua tomara forma y consistencia para que se volviera una verga y me penetrara hasta el final y sin descanso.

Casi sin pensarlo, una de mis manos se dirigió hacia ese sitio donde estaba sintiendo tanto placer y empezó a acariciar mi arrugadito culo. En ese momento me hubiera gustado tenerte sentado frente a mi (sí, a ti mismo) para mamar tu verga con delirio.

Cuando el agua cubrió por completo mis tetas, tuve que darme la vuelta porque me arriesgaba a ahorgarme si me quedaba en esa posición, aunque aguanté aún un poco más pues estaba gozando como nunca.

Puse gel de baño en el agua para que se pusiera resbalosa y metí mis manos bajo el agua para acariciar mis tetas pasándoles la palma de mi mano, rozando alternativamente uno y otro de mis pezones.

En ese momento, quité el tapón del agua y dejé que se fuera escurriendo... la sentía como bajaba por mi cuello, mis tetas sensibles ya, mi estomago, y como escurría entre mis caderas y mis muslos.

Mientras el agua bajaba, mis manos la seguían, acariciando todo lo que el agua iba dejando al descubierto. Muy suavemente... Luego, ya con la bañera vacía, abrí de nuevo el agua y esta vez dejé que un chorro de agua fría me bañara. Esto hizo que todos mis sentidos, que habían estado un poco adormecidos por el agua tibia, despertaran... Mis pezones se pusieron como roca, mi respiración se agitó al máximo y mi corazón quería salirse del pecho...

Tomé aceite de bebé y con las dos manos, lo unté por todo mi cuerpo. El aceite atrapó todas las sensaciones que estaba sintiendo y las encerró contra mi cuerpo. Esa mezcla de calor y frío, que me estaba llevando al límite, se quedó dentro de mí y mis pezones se endurecieron aun más...

Entonces pensé en ti... en tus labios sensuales, tus manos grandes recorriendo mi cuerpo mientras me besas. No me tocas, solo me besas y acaricias mis mejillas mientras yo acaricio mi cuerpo y bajo despacio hasta mi rajita.

Allí, con la mano lubricada por el aceite, me acaricio por encima sin entrar ni separar los labios, llegando en los movimientos hasta mi ano. Donde me abro por completa a los placeres de mi propia mano. Acaricio mi coño y meto mis dedos dejando que se deslicen de en su interior como si fuese tu propia polla...

Y espero el momento justo en que metes uno de mis pezones en tu boca, para con el mismo amor que me tocarías tu, empezar a rozar mi clítoris hasta que llegó en el más hermoso de los orgasmos.

27-abr-2009

Amparo desde México

Hace un par de días recibí un escueto correo de una chica llamada Amparo en el que me pedía que publicara unas fotos suyas y que esperaba comentarios.

Pues aquí están las fotos...

 

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Los comentarios los podéis dejar aquí en el blog o enviárselos directamente a Amparo a:

amparotorres84@yahoo.com.mx

Las Monjas Inolvidables

Soy un hombre de 1,70 de altura, delgado y me mantengo en forma pues me gusta el deporte y sobre todo la bicicleta. Cada sábado suelo salir a pedalear por las afueras de la ciudad. Ese sábado, me disponía a salir cuando mi esposa me dijo que había que ir a por los libros de texto de los niños. Era la primera semana de septiembre y el colegio estaba a punto de empezar.

Le pedí la lista de los libros que había que comprar y al comprobar que no eran muchos, decidí ir en la bicicleta hasta un centro comercial en el que hay una gran librería. Cuando llegué pude comprobar estupefacto que la librería estaba tan llena que apenas se cabía. Pero de una forma u otra, había que comprar los libros, y ya que estaba allí…


Recorrí los atestados pasillos buscando los libros hasta que logré reunirlos todos. Ahora me esperaba una larga espera hasta llegar a la caja para pagarlos pues la gente se agolpaba a montones con sus compras en la mano. Tomé posición y me fui acercando al mostrador bajo un calor sofocante y rodeado de hombres, mujeres, estudiantes, etc. Delante de mí había dos monjas. Ambas jóvenes, de unos 30 años más o menos. Una gordita y bajita y la otra más alta y delgada.

La cola de gente era cada vez mayor y mas desorganizada y comenzaban los empujones. Yo me encontraba detrás de la monja gordita y bajita y sin quererlo le di un “empujón” en sus nalgas. En ese momento y fruto del calor y la dureza de su trasero me empecé a excitar y mi pene comenzó a crecer.


Ella fingió no darse cuenta y nuevamente le di otro empujoncito, esta vez sin que nadie me lo diera antes a mí. Ella se volvió y me miró, yo le pedí disculpas a lo que me respondió que no me preocupara. Me dio la espalda y acomodó sus nalgas bien pegadas a mí. Tenía una nalgas divinas, anchas y con unos cachetes muy grandes, muy duras.


En vista de que ella no oponía resistencia, estuve empujándola un rato de forma tan deliciosa que ella estaba feliz y yo también, claro. Solo tenía un problema, ella me quedaba muy abajo ya que, como dije antes, era bajita y mi pene se frotaba contra su espalda y la parte donde acaba su culo.

CAPITULO I

Yo me encontraba ya tan excitado que mis 18 cm habían alcanzado todo su esplendor. Viendo que con ella no iba a poder llegar a ningún hueco, traté de colocarme detrás de la otra monja. Empecé a moverme para llegar a ella sintiendo como la bajita se movía hacia atrás para no dejar mi contacto y que no me fuera. Pero mi decisión era llegar a su compañera que me quedaba a la altura justa.


Finalmente me ubique detrás de la monja alta. Era blanca de piel y desde donde estaba podía ver su mejilla sonrosada y sentir unas nalgas entre las que mi pene se podía alojar a la perfección. Os lo digo en serio, eran una nalgas realmente espléndidas, quizá sea porque comen muy bien allá en el convento.


De un empujón que recibí, le puse mi verga entre los cachetes de su culo. Ella dio un respingo y yo insistí aunque esta vez sin recibir ningún empujon en mi espalda. Al sentir ella como mi verga se incrustaba en toda su raja del culo, sentí un suspiro profundo y noté como levantó su trasero para que yo la agarrara mejor.


Mi polla estaba completamente erecta y tan dura como el hierro. La sentía latiendo y caliente. Debo recordar que yo solo llevaba puesto un pantalón corto de deporte, por lo cual ella sintió totalmente mi verga. Ella llevaba un fino hábito muy amplio y unas bragas debajo, por lo cual la sentía en forma casi real.


Tener a una mujer así es la gloria y yo daba gracias a Dios por estar ahí en ese momento.

CAPITULO II

De repente me di cuenta que mi miembro estaba fuera del pantalón. Se había salido por un lado y la estaba rozando directamente sobre el hábito de la monja.


Me encontraba perdido, las hormonas me estaban matando, por lo cual, baje mi mano y empecé a levantarle la túnica poco a poco. Llegó un momento en el que lo tenía totalmente levantado sobre su cadera y mi polla le tocaba sus piernas y se metía entre sus nalgas como si tuviera vida propia.


La situación era realmente excitante, estaba rodeado de gente y yo casi follándome a una monja realmente hermosa y complaciente. Viendo su receptividad me dije que si había llegado hasta aquí, intentaría otra cosa. Y comencé a bajarle poco a poco las bragas expectante a una mala reacción por su parte.


Sin embargo y para mi agrado y sorpresa, ella estaba feliz y totalmente pegada a mi cuerpo. Lo cierto es que en varios momentos sentí como quería realmente tenerla toda dentro, o quizás era mi imaginación.

Cuando tuvo las bragas a la altura de las rodillas, llego el momento. Como pude empecé a empujar con mi polla completamente erecta buscando un agujero en el que ocultarla. Tuve que agacharme un poquito y le empuje mi miembro que resbaló con facilidad entre sus piernas.


La mujer estaba empapada en sus propios jugos, lo que facilitaba el frotamiento. Yo me hacía para atrás y para adelante y mi intención era llegar hasta la entrada de su vagina, aunque he de reconocer que dudaba que pudiera conseguirlo con tanto bullicio a nuestro alrededor.

CAPITULO III

De repente ella hizo un movimiento, no sé cómo, pero de pronto sentí como mi verga deslizaba suavemente en su vulva. En un instante tenía toda mi polla dentro de ella.


No costó trabajo y pienso que se debía justamente a lo lubricada que estaba. Ella se apretó a mi totalmente y puso la mano en su boca, aún así yo sentía como suspiraba. Lo sentía claramente en mi pene que se hinchaba mucho más al sentir sus palpitaciones.


Tras unos momentos gloriosos de entrar y salir, ella se echó para atrás y succionó de tal manera mi falo que consiguió que me corriera con tal fuerza que sentí como el semen salía de su vagina y corría por mis testículos.
Notaba como su coño seguía latiendo y succionándome.


Así permanecimos un rato hasta que mi polla se quedó flácida y se liberó solita de su cautiverio. Me la guardé en el pantalón y a ella le subí las bragas y le solté el habito que calló hasta sus tobillos.


En ese momento se abrió un hueco a mi izquierda y me acerqué al mostrador de la caja. Ella era atendida también justo a mi derecha, cuando acabamos de pagar, ella me tomó de la mano, me la apretó y sonrió de lado. Yo se la oprimí también.


Nunca le vi el culo, pero… ¡¡¡qué nalgas tenia!!! Aún hoy la recuerdo.


23-abr-2009

Salón de Estética y Masajes

CAPITULO I

Hola mi nombre es Claudia y actualmente tengo 42 años. Sé que los relatos que publicas en tu blog son sobre chicas gorditas y aunque yo ahora, con el paso de los años, lo soy, lo que relato a continuación me sucedió cuando tenía 20 años y mi figura era muy distinta a la que tengo ahora. Sin embargo, no deja de ser la historia de una chica que ahora es madre, soltera, gordita y orgullosa.


Había tenido un desengaño amoroso tan solo dos días antes, durante un fiesta descubrí a mi novio en el jardín dándose el gran lote con la que pensé era mi mejor amiga. Con veinte años y habiendo sido mi primer noviete, la verdad es que me dejó tremendamente deprimida. Tras la pelea con ambos, me negué a verlos, a salir y casi a comer.

Así durante dos semanas. Hasta que un viernes, al levantarme de la cama a eso de las 7 de la tarde, me miré al espejo y me vi. Vi a la chica preciosa que era, con dos pechos bonitos, unas piernas largas y bien torneadas, mi pelo rubio y largo despeinado y pajizo, unas ojeras enormes y una expresión de tristeza que decidí borrar de un plumazo ese mismo día.


Me di una ducha, me vestí, me subí en mi coche y me marché en busca de un salón de estética donde me dejaran como nueva. Estaba decidida a renacer. Casi todos los comercios estaban cerrando o a punto de hacerlo así que me dediqué a dar vueltas con el coche buscando alguno que pudieran atenderme.

Tras varias vueltas vi un cartel luminoso encendido en el que anunciaba “Estética y masajes”. El escaparate estaba con la persiana bajada aunque se veía luz en el interior a través de los estores. Aparqué el coche y empujé la puerta. Unas campanillas sonaron al abrir la puerta. El interior era un saloncito a modo de sala de espera y una puerta cerrada al fondo. Me senté en un sofá de la pequeña sala de recepción. El tiempo transcurrió hojeando algunas revistas cuando una voz dulce aunque un poco grave me saco de mis pensamientos.


Era una mujer bellísima de pelo negro, alta de 1:80 de estatura, ojos claros, labios sensuales y poseedora de un cuerpo escultural. Sus pechos eran más grandes que los míos al igual que su trasero erguido, erótico y ese par de piernas que eran como esculpidas por un artista. Me dijo: "¿En que puedo servirte, preciosa?", yo, reponiéndome a la impresión, dije: “Quiero un cambio de look y… ¿hacéis masajes?”. “Naturalmente que los hago, pasa dentro por favor” me dijo y así lo hice.


Me senté y la dejé trabajar mi pelo. La peluquería era pequeñita, con solo dos sillas para atender a las clientas y un lavabo para los lavados de cabeza. Al fondo dos puertas y una escalera que subia al piso superior. Mientras hacia su trabajo charlamos sobre temas intrascendentes, la verdad me sentía muy a gusto, le conté lo de mi novio y hasta le confesé lo de mi depresión. Ella me aconsejo y me dijo que no me dejara entristecer por tan poca cosa, que a los hombres solo les importa su polla y eran capaces de tirarse a su abuela, pero que ella sabia bien como dominarlos.


Yo la observé tan fuerte tan segura de si que le dije: “Sabes, me gustaría ser como tú”, ella me sonrió de una manera muy extraña diciéndome: “¿en serio eso quieres cariño?”, “Si, eso es lo que quisiera” respondí decidida. “Bueno pues tendremos que empezar por conocernos mejor, mi nombre es Sandra y el tuyo?” , “Claudia”. Y continuamos charlando. Cuando acabó con mi pelo, me dijo “Bueno Claudia, esto está terminado, sigues queriendo el masaje?, Vi como ella miraba el reloj que tenia sobre el espejo y le dije “Si es tarde o estas cansada lo dejamos para otro día”, “La verdad es que es hora de cerrar y estoy un poco cansada, pero me gustaría que me acompañaras a mi casa para seguir charlando no está muy lejos de aquí”, yo le dije que si, pues mis padres no estaban y podría llegar tarde a casa. “Pues acompáñame, y se dirigió hacia las escaleras. “¿Vives arriba?, “Claro, ya te he dicho que mi casa no está muy lejos” contesto sonriendo mientras comenzaba a subir delante de mí.


Sus caderas se contoneaban delante de mi cara y pude admirar su estupendo culo y piernas. Abrió una puerta y entramos en un piso decorado con muy buen gusto, aunque estaba un poco desordenado pues me dijo que por la mañana estuvo viendo unos videos de una fiesta a la que asistió y no tuvo tiempo de guardarlos y estaban desordenados sobre la mesa. Charlamos un rato hasta que ella me dijo que se iba a dar una ducha y se pondría cómoda y que la disculpara unos segundos, a lo que yo le respondí que lo hiciera tranquila.

CAPITULO II

Cuando se hubo marchado se me ocurrió poner uno de los vídeos en el reproductor. Al comenzar a ver las imágenes mi rostro se encendió. Era ella en una especie de sesión fotográfica. Estaba posando vestida con un minúsculo vestido ajustado estampado en rojo y negro, unas medias hasta el muslo y realmente preciosa.

Poco a poco la sesión iba avanzando y ella comenzaba a desnudarse. Empezó enseñado un pecho y continuó bajándose el vestido quedándose tan solo con un tanga negro del que al poco tiempo se desprendió para mostrar su trasero al fotógrafo. Hasta el momento todo lo que veía me parecía muy erótico e incluso, pese a no haberme sentido nunca atraída por una chica, comenzaba a excitarme.


Sin darme cuenta mi mano estaba acariciando uno de mis pechos cuando de repente ella, aún vuelta de espaldas a la cámara, abrió sus piernas y entre ellas apareció una inesperada polla que hizo que mis ojos se abrieran como platos.
Al momento se volvió hasta colocarse de frente a la cámara sentándose en una especie de taburete y mostrando con todo detalle el pedazo de polla más grande que la única que yo había conocido hasta el momento, la de mi ex novio.

Los comentarios del fotógrafo que se esmeraba en su trabajo y daba indicaciones mientras hacía una foto tras otra fueron desapareciendo de mi cabeza. Yo ya solo veía aquella “mujer” con aquél increíble pene que estaba consiguiendo que mis braguitas se mojaran.


He de decir que a esa altura de mi vida, tan solo había visto la polla de mi novio y algunas fotos de chicos desnudos que las compañeras del instituto mostraban a escondidas en los pasillos. Por supuesto si que había visto a mis compañeras desnudas y conocía perfectamente la existencia de los travestis y transexuales, sin embargo, hasta ese momento ni había visto, ni se me había pasado por la imaginación como podrían ser físicamente.

Ahora me encontraba ante uno de ellos y estaba tremendamente excitada. Mis ojos no podían apartarse de aquel gran pene que se erguía duro ante mis ojos.
Abrí mi boca presa del tremendo deseo y excitación que sentía. Mi mano izquierda continuaba acariciando mis senos y apretándome los pezones que parecían explotar por el calor. Bajé mi mano derecha a mi húmeda entrepierna y comencé a apretar con los dedos justo donde se encontraba mi clítoris. El placer que sentía iba en aumento y en un momento me olvide de todo mientras las imágenes de Sandra se sucedían en la pantalla que en este momento agarraba su polla y se masturbaba mirándome desde el otro lado del cristal. Cerré los ojos y me dejé llevar por el placer.


De pronto la televisión se apago. Sandra que había visto todo, estaba parada en la puerta del cuarto con el mando a distancia en la mano y totalmente desnuda. No pude hacer otra cosa que gemir por la excitación al verla desnuda en persona y en todo su esplendor. La mire caminar meneando su cadera, sobando su hermoso falo semierecto acercándose a mí poco a poco, parecía como una ninfa salida de la mitología mientras yo permanecía hincada en el sillón sobándome la entrepierna y mi rostro enrojecido por la lujuria.

CAPITULO III

De pronto la televisión se apago. Sandra que había visto todo, estaba parada en la puerta del cuarto con el mando a distancia en la mano y totalmente desnuda. No pude hacer otra cosa que gemir por la excitación al verla desnuda en persona y en todo su esplendor. La mire caminar meneando su cadera, sobando su hermoso falo semierecto acercándose a mí poco a poco, parecía como una ninfa salida de la mitología mientras yo permanecía hincada en el sillón sobándome la entrepierna y mi rostro enrojecido por la lujuria.


Cuando quedo frente a mí y me dijo “¿Aún quieres ser como yo?, creo que siendo como somos cada una lo pasaremos mejor, ¿no crees?”. Acto seguido me tomó de los hombros, me puso de pie y comenzó a besarme introduciéndome la lengua la cual se enredó con la mía. A la vez empezó a acariciarme los senos que parecían explotar yo gemía descontrolada no atinaba a hacer nada más que sentir sus ardientes manos.


Después de unos ardientes besos, puso sus manos en mi s hombros y me empujó suavemente hacia abajo para que me arrodillara ante su polla erguida que yo sin dudarlo un instante introduje en mi boca. No estaba muy experimentada en el sexo oral, sin embargo me dejé llevar y lo hice lo mejor que pude. Como si se tratara de un caramelo, lo tomé en mis manos y comencé a lamer todo aquel mástil, luego me concentre en su cabeza dando pequeñas succiones girando la punta de mi lengua en la pequeña abertura de su pené.


Sandra gemía de placer supe que no lo estaba haciendo mal. Continué haciéndolo y al cabo de unos minutos comencé a meterlo y sacarlo de mi boca, succionándolo mientras le acariciaba sus testículos hasta que de pronto soltó unas gotitas de líquido preseminal. Su sabor algo salado me gusto mucho y lo trague todo.


Pasado un momento ella se separó de mi y se sentó en el sofá con las piernas abiertas y me dijo “Continúa, lo haces divinamente, cariño”. Y continué. Seguí lamiendo y chupando su polla mientras mi coño se convertía en una catarata. Miraba hacia su cara y veía aquellos pechos y aquel rostro femenino que jadeaba mientras llenaba mi boca con su pene, Todas esas visiones y sentimientos, me provocaban una mezcla de morbo y deseo desconocida hasta aquel momento.

CAPITULO IV

Sandra empezó a mover sus caderas follándome por la boca. Solté su miembro para que pudiera metérmela a su ritmo mientras yo le sobaba los testículos con con una mano y con la otra me masturbaba. Entonces tomó mi cabeza y la movió acompasándola a sus movimientos. Yo solo gruñía con semejante tranca en la boca, degustando tan deliciosa verga y gozando de la follada oral que me daba. Inclinándose hacia delante y sin dejar de penetrarme la boca, puso su mano en mi entrepierna y comenzó a penetrar con sus dedos en mi coño, que era una autentica catarata de flujo y placer.


“Ven aquí”, me dijo y me levantó del suelo para tirarse ella sobre la alfombra. “Ponme tu coño en la boca y sigue comiéndome como lo estabas haciendo”. Y así lo hice. Ella se colocó bocarriba y yo le puse mi coño como me había pedido formando un maravilloso 69. El placer fue increíble. Su lengua jugaba con mis labios, succionaba mi clítoris y me penetraba hasta el punto de volverme loca. Era la primera vez que alguien me comía el coño y jamás imaginé un placer tan enorme. Era delicioso sentir aquella lengua que se metía en mi vagina y que yo la quería más y más adentro.


Tuve el orgasmo mas bestial de mi vida. Mi vista se nubló y mis manos se cerraron con tanta fuerza sobre los testículos de Sandra que esta dio un respingo sacándome por un instante de mi pérdida de conciencia. Mi respiración estaba tan agitada como mi corazón que parecía que se me iba a salir por la boca. Sandra me echó a un lado y se sentó en el sofá con su pene perdiendo la dureza que momentos antes tenía en mi boca. “Siéntate encima y métetelo”, me dijo mientras yo aún recuperaba la respiración y la compostura, pues me encontraba tirada por el suelo de cualquier manera.


Me levanté e hice lo que Sandra me pidió mientras ella se ponía un preservativo en su polla que de nuevo comenzaba a recuperar su dureza. No fue difícil la penetración ya que los fluidos de mi coño me corrían hasta por la parte interior de mis muslos. Esto unido a la saliva que Sandra había dejado por todo él, hizo que su polla entrara hasta el fondo de una sola tacada.


Si su lengua había conseguido llevarme al éxtasis del placer, aquella polla me iba a llevar al cielo. Aunque en un primer momento fue el dolor el que tomó relevancia, ya que hasta entonces, la única polla que había visitado mi vagina era la de mi novio y sus dimensiones distaban bastante del tamaño de la de Sandra. Pero ese dolor desapareció a los pocos instantes, enseguida mi vagina se adaptó a esa polla, dilatándose hasta envolverla y darle su justo hueco dentro de mi.


“¡¡¡Asíííííí mi niña… hasta el fondo!!!” Jadeaba ella mientras yo subía y bajaba clavándome su mástil hasta notar sus huevos rozando mi clítoris. Todo a mi alrededor se desvanecía y una cortina salpicada de puntitos brillantes se colocaba ante mis ojos mientras me llegaba mi segundo orgasmo.

CAPITULO V

No pude más y me derrumbé a un lado cayendo en el sofá. Estaba extenuada y me dolían los muslos. Pero a Sandra aún le quedaban fuerzas y abriendo mis piernas y sin darme un respiro me volvió a follar mientras me decía que aún no había acabado y que no pensaría dejarla así.


Yo estaba en un sueño. Hasta ese día nadie me había hecho disfrutar tanto de mi cuerpo. Sandra continuaba penetrándome suavemente, metiéndola y sacándola entera, de forma que podía sentir toda su polla hincándose en mi coño y llegando hasta lo más profundo de mi vagina. La sentía dura, podía notar cada hinchada vena de su polla en las paredes húmedas de mi cueva.


Su ritmo pausado pero constante estaba consiguiendo que un nuevo orgasmo me llegara. Sus jadeos se volvieron más intensos y agitados y notaba como su polla se endurecía aún más. Yo me estaba volviendo loca de gusto y mi tercer orgasmo llegó.


Entonces ella sacó su polla y de un tirón extrajo el preservativo mientras se masturbaba sobre mi vientre. Un chorro caliente me salpicó la piel mientras ella se contorsionaba presa del placer de su orgasmo mientras yo, acariciándome los pechos, aún seguía disfrutando del mío.


Después de eso ella calló sobre mi y sentí como su polla iba perdiendo su dureza sobre mi vientre. Nos besamos hasta quedarnos dormidas victimas del cansancio y del placer.


Me desperté a las dos horas más o menos. Sandra estaba sentada en un sillón junto a mi y se masturbaba mirando mi cuerpo. “Dame tu leche”, le dije al ver su pollón de nuevo duro como una piedra.


Ella se levantó y poniéndomelo a la altura de mi cara, continuó masturbándose hasta que un chorro de leche caliente me llenó la boca y la cara. Se la chupé hasta dejarla limpia y hasta que ella presa de unos espasmos de placer, la sacó de mi boca.


Una vez se hubo repuesto, me invitó a darme una ducha y así lo hice. Al salir y dispuesta a irme para mi casa, la observé sentada en el sofá solo con una bata transparente con el pelo alborotado aún y las piernas cruzadas. Lucía realmente hermosa. En ese momento comprendí que lo que realmente me excitaba eran las hembras transexuales. Tenían toda la sensualidad del cuerpo de una mujer y la deliciosa verga del macho.


Me acompañó a la puerta del Salón de Estética y Masajes, nos despedimos y antes de salir Sandra me dijo que regresara pronto pues quería seguir con el tratamiento de belleza y masajes que habíamos comenzado esa noche. Le respondí que estaba deseando volver y que no tardaría mucho en hacerlo. Le di un beso en la boca y me marché.

A partir de ese día Sandra se convirtió en mi mejor amiga y de su mano conocí a otras transexuales y con las que, siempre de su mano, continué mis tratamientos de estética y masajes.


Actualmente tengo un hijo fruto de una amistad que comenzó en aquél salón de estética y masajes y que aún hoy perdura en el tiempo. Junto a ella he escrito esta pequeña historia haciendoos participes del nuestro secreto mejor guardado.

Hasta pronto. Besos.

19-abr-2009

Cien Ventanas


El roce de las sábanas contra mi deseo se ha hecho compañero de mi vida. Y cada vez me siento más segura de mi misma. Mi cuerpo lleno de arena y vacío de vida comenzó a despertar de su olvido y poco a poco se lleno de placer y sensualidad.


El roce con las sábanas encontró el manantial que alimentaba el resto de mi ser. Aquel pozo sólo necesitaba de un viajero sediento que lo descubriese y la mirada de aquella chica que me guío más allá de las dunas. Al recordar esos primeros lances es mi sexo quien responde fiel a mi memoria, nublándose la imagen de la pantalla.


Me dejo llevar. . . He perdido el hilo de mi historia pero he tenido un orgasmo precioso. Sentada, con las piernas abiertas. He notado la humedad entre mis muslos. Con una mano me he tocado encima del pantalón unas pocas veces y ralentizando mi cadencia. El tiempo se detiene hasta hacerme olvidar que ha pasado antes y que vendrá después.


Estoy enfrente de la ventana. Una larga fila de ventanas me miran. Ya me conocen, son más de diez años viviendo en este edificio y han visto mi transformación. Han visto como perdía mi timidez y poco a poco mis ropas hasta mostrarles mi cuerpo desnudo y brillante por la excitación de ser observada. Y ahora no pueden ver lo que hago, pero si que ven mi cara y parte de mis pechos, eso las vuelve locas, están hechas para mirar y no les excita más que la contemplación de lo insólito y lo poco corriente.


Están cansadas y aburridas de ver siempre lo mismo y eso las pone tristes. Hoy están de suerte mis dedos han empezado a jugar entre los botones de mi vaquero desabrochándolo. Se desliza entre mis muslos y acaba arrugado en el suelo. Una capa menos separa mi piel del contacto con mis labios. Acoplo mis dedos entre la hendidura presionando el algodón hasta que se hunde entre ella.

Mis ojos se cierran buscando lo que sentí aquella primera vez tumbada en la cama. Ahora soy más experta, me conozco cada pliegue, cada centímetro de mi piel pero no puedo dejar de pensar que hay nuevos oasis por descubrir tratando de imaginarme que algún día llegaré a descubrirlos todos, hasta que mi cuerpo encuentre el nirvana del placer y me sienta totalmente una diosa del placer.


Presiono la tela hasta encontrar mi clítoris que se va hinchando por el roce de mis yemas. El algodón de mi tanga hace de almohada y retrasa el clímax. Mi otra mano sujeta ya uno de mis pechos y se centra en la aureola, en mis pezones que apuntan hacía las nubes. Mi respiración se hace más profunda y mis gemidos más fuertes, los ojos cerrados pero llenos de movimiento.


Y levanto mi culo lo justo para que mi tanga caiga hasta mis tobillos. Separo mis rodillas hasta que no puedo más dejando mi sexo abierto y mis labios expuestos. Dejo caer mi mano hasta ellos y los abro hasta que la entrada de mi vagina queda a merced de mi dedo que se cuela en ella hasta sus profundidades.


Muevo mi sustituto de falo varias veces y con mi otro dedo toco mi clítoris haciendo que de gemidos más audibles y prolongados. Mi tanga permanece entre mis tobillos queriendo desprenderse de ellos pero lo tienen bien agarrado.


Soy una niña guarra me reprochaba cada vez que me masturbaba, pero me daba igual porque era mi secreto y no sé lo iba a contar a nadie. Niña guarra me decía a mi misma cuando nadie me oía. Cada vez me gustaba más y cada vez mi imaginación me empujaba con más ahínco a dejarme llevar y a sentir que el tiempo se detenía.


Como me gustaba esa sensación de felicidad y placer que invadía al cuerpo en esos momentos. Yo sola con mi sexo y mi imaginación. El mayor descubrimiento de mi vida. Lo que más placer me proporcionaba. Niña guarra me decía a mi misma cuando nadie me oía y me preguntaba porque había tardado tanto tiempo en serlo.


Mi sexo se alzaba a golpes de cadera y mis rodillas se juntaban y se abrían ¡Ohh Dios que gusto!, mi dedo pulgar lleno de mis líquidos resbalaba acariciando el sexo de una forma certera y precisa. ¡Ohhh Dios que me abandono! Mi respiración se cortaba al exhalar y inspirar. Justo en el momento que pellizque mi botoncito mis jugos resbalaron de mi cueva mojando mis labios abiertos y siguieron su camino por mis muslos hasta que encontraron mi tanga entre los tobillos. Tuve varios espasmos de placer y alcé mi hueso púbico unos centímetros a la vez que mis muslos se rozaban y mi mano dejó de moverse cansada de tanto ajetreo ¡Ohhhh Dios que maravilla!


Mi cuerpo se dejó posar sobre la silla y abrí los ojos, dejando atrás la oscuridad y miré hacía aquellos ojos que en filas dirigían sus miradas satisfechos de haber presenciado un hecho fuera de lo común. Y en una de esas ventanas estaba aquella niña que tendría la misma edad que yo tenía aquella tarde de otoño gris que despertó mi nueva vida.


Niña guarra me veo en tus ojos, ve a tu cuarto y disfruta de tu secreto a solas, sin que nadie sepa nada, barre la arena de él hasta que encuentres tu pozo, escondido entre los pliegues de tu imaginación y tu sexo.

17-abr-2009

No dió resultado

Después del intento de poner en marcha otro blog solo con relatos, la aceptación que ha tenido en vista del montón de comentarios dejados por los lectores/as ha debido ser practicamente nula pese a que el indicador de visitas marcaba hoy 1537.

Por esa causa he decidido echarle el cierre en cuanto acabe de publicar el relato que ya tenía preparado.

Aparte de la aceptación comentada, el tiempo libre que podía dedicar a los blogs se ha visto reducido por causas laborales y personales. Es por ello que he tomado la determinación de eliminar, (sí, he dicho eliminar), el blog de Los Relatos de Gorditas y Orgullosas.

De todas formas, los y las fieles seguidoras de este blog, estais de enorabuena, pues quién no hubiera leido los relatos publicados en el otro blog, ahora podrán hacerlo y en solo capitulo cada uno. Así que no todo es tan malo.

Ah, se me olvidaba decir que, como española, me siento realmente sorprendida de que el anuncio de Maitex no tuviera el eco que esperaba entre mis conciudadanos. Se ve que el gusto en este país está deteriorandose por momentos en todos los aspectos. Lastima.

Pues sin otro particular, me despido de vosotros y vosotras hasta otro ratito y os dejo disfrutando de lo que tanto os gusta, las fotos. Pero en esta ocasión os dejo una mía que he retocado a conciencia con el potochop, espero que os guste... la foto o yo.



Mar