Hola mi nombre es Claudia y actualmente tengo 42 años. Sé que los relatos que publicas en tu blog son sobre chicas gorditas y aunque yo ahora, con el paso de los años, lo soy, lo que relato a continuación me sucedió cuando tenía 20 años y mi figura era muy distinta a la que tengo ahora. Sin embargo, no deja de ser la historia de una chica que ahora es madre, soltera, gordita y orgullosa.
Había tenido un desengaño amoroso tan solo dos días antes, durante un fiesta descubrí a mi novio en el jardín dándose el gran lote con la que pensé era mi mejor amiga. Con veinte años y habiendo sido mi primer noviete, la verdad es que me dejó tremendamente deprimida. Tras la pelea con ambos, me negué a verlos, a salir y casi a comer.
Así durante dos semanas. Hasta que un viernes, al levantarme de la cama a eso de las 7 de la tarde, me miré al espejo y me vi. Vi a la chica preciosa que era, con dos pechos bonitos, unas piernas largas y bien torneadas, mi pelo rubio y largo despeinado y pajizo, unas ojeras enormes y una expresión de tristeza que decidí borrar de un plumazo ese mismo día.

Me di una ducha, me vestí, me subí en mi coche y me marché en busca de un salón de estética donde me dejaran como nueva. Estaba decidida a renacer. Casi todos los comercios estaban cerrando o a punto de hacerlo así que me dediqué a dar vueltas con el coche buscando alguno que pudieran atenderme.
Tras varias vueltas vi un cartel luminoso encendido en el que anunciaba “Estética y masajes”. El escaparate estaba con la persiana bajada aunque se veía luz en el interior a través de los estores. Aparqué el coche y empujé la puerta. Unas campanillas sonaron al abrir la puerta. El interior era un saloncito a modo de sala de espera y una puerta cerrada al fondo. Me senté en un sofá de la pequeña sala de recepción. El tiempo transcurrió hojeando algunas revistas cuando una voz dulce aunque un poco grave me saco de mis pensamientos.

Era una mujer bellísima de pelo negro, alta de 1:80 de estatura, ojos claros, labios sensuales y poseedora de un cuerpo escultural. Sus pechos eran más grandes que los míos al igual que su trasero erguido, erótico y ese par de piernas que eran como esculpidas por un artista. Me dijo: "¿En que puedo servirte, preciosa?", yo, reponiéndome a la impresión, dije: “Quiero un cambio de look y… ¿hacéis masajes?”. “Naturalmente que los hago, pasa dentro por favor” me dijo y así lo hice.

Me senté y la dejé trabajar mi pelo. La peluquería era pequeñita, con solo dos sillas para atender a las clientas y un lavabo para los lavados de cabeza. Al fondo dos puertas y una escalera que subia al piso superior. Mientras hacia su trabajo charlamos sobre temas intrascendentes, la verdad me sentía muy a gusto, le conté lo de mi novio y hasta le confesé lo de mi depresión. Ella me aconsejo y me dijo que no me dejara entristecer por tan poca cosa, que a los hombres solo les importa su polla y eran capaces de tirarse a su abuela, pero que ella sabia bien como dominarlos.

Yo la observé tan fuerte tan segura de si que le dije: “Sabes, me gustaría ser como tú”, ella me sonrió de una manera muy extraña diciéndome: “¿en serio eso quieres cariño?”, “Si, eso es lo que quisiera” respondí decidida. “Bueno pues tendremos que empezar por conocernos mejor, mi nombre es Sandra y el tuyo?” , “Claudia”. Y continuamos charlando. Cuando acabó con mi pelo, me dijo “Bueno Claudia, esto está terminado, sigues queriendo el masaje?, Vi como ella miraba el reloj que tenia sobre el espejo y le dije “Si es tarde o estas cansada lo dejamos para otro día”, “La verdad es que es hora de cerrar y estoy un poco cansada, pero me gustaría que me acompañaras a mi casa para seguir charlando no está muy lejos de aquí”, yo le dije que si, pues mis padres no estaban y podría llegar tarde a casa. “Pues acompáñame, y se dirigió hacia las escaleras. “¿Vives arriba?, “Claro, ya te he dicho que mi casa no está muy lejos” contesto sonriendo mientras comenzaba a subir delante de mí.

Sus caderas se contoneaban delante de mi cara y pude admirar su estupendo culo y piernas. Abrió una puerta y entramos en un piso decorado con muy buen gusto, aunque estaba un poco desordenado pues me dijo que por la mañana estuvo viendo unos videos de una fiesta a la que asistió y no tuvo tiempo de guardarlos y estaban desordenados sobre la mesa. Charlamos un rato hasta que ella me dijo que se iba a dar una ducha y se pondría cómoda y que la disculpara unos segundos, a lo que yo le respondí que lo hiciera tranquila.
Cuando se hubo marchado se me ocurrió poner uno de los vídeos en el reproductor. Al comenzar a ver las imágenes mi rostro se encendió. Era ella en una especie de sesión fotográfica. Estaba posando vestida con un minúsculo vestido ajustado estampado en rojo y negro, unas medias hasta el muslo y realmente preciosa.
Poco a poco la sesión iba avanzando y ella comenzaba a desnudarse. Empezó enseñado un pecho y continuó bajándose el vestido quedándose tan solo con un tanga negro del que al poco tiempo se desprendió para mostrar su trasero al fotógrafo. Hasta el momento todo lo que veía me parecía muy erótico e incluso, pese a no haberme sentido nunca atraída por una chica, comenzaba a excitarme.

Sin darme cuenta mi mano estaba acariciando uno de mis pechos cuando de repente ella, aún vuelta de espaldas a la cámara, abrió sus piernas y entre ellas apareció una inesperada polla que hizo que mis ojos se abrieran como platos.
Al momento se volvió hasta colocarse de frente a la cámara sentándose en una especie de taburete y mostrando con todo detalle el pedazo de polla más grande que la única que yo había conocido hasta el momento, la de mi ex novio.
Los comentarios del fotógrafo que se esmeraba en su trabajo y daba indicaciones mientras hacía una foto tras otra fueron desapareciendo de mi cabeza. Yo ya solo veía aquella “mujer” con aquél increíble pene que estaba consiguiendo que mis braguitas se mojaran.

He de decir que a esa altura de mi vida, tan solo había visto la polla de mi novio y algunas fotos de chicos desnudos que las compañeras del instituto mostraban a escondidas en los pasillos. Por supuesto si que había visto a mis compañeras desnudas y conocía perfectamente la existencia de los travestis y transexuales, sin embargo, hasta ese momento ni había visto, ni se me había pasado por la imaginación como podrían ser físicamente.
Ahora me encontraba ante uno de ellos y estaba tremendamente excitada. Mis ojos no podían apartarse de aquel gran pene que se erguía duro ante mis ojos.
Abrí mi boca presa del tremendo deseo y excitación que sentía. Mi mano izquierda continuaba acariciando mis senos y apretándome los pezones que parecían explotar por el calor. Bajé mi mano derecha a mi húmeda entrepierna y comencé a apretar con los dedos justo donde se encontraba mi clítoris. El placer que sentía iba en aumento y en un momento me olvide de todo mientras las imágenes de Sandra se sucedían en la pantalla que en este momento agarraba su polla y se masturbaba mirándome desde el otro lado del cristal. Cerré los ojos y me dejé llevar por el placer.

De pronto la televisión se apago. Sandra que había visto todo, estaba parada en la puerta del cuarto con el mando a distancia en la mano y totalmente desnuda. No pude hacer otra cosa que gemir por la excitación al verla desnuda en persona y en todo su esplendor. La mire caminar meneando su cadera, sobando su hermoso falo semierecto acercándose a mí poco a poco, parecía como una ninfa salida de la mitología mientras yo permanecía hincada en el sillón sobándome la entrepierna y mi rostro enrojecido por la lujuria.
CAPITULO III
De pronto la televisión se apago. Sandra que había visto todo, estaba parada en la puerta del cuarto con el mando a distancia en la mano y totalmente desnuda. No pude hacer otra cosa que gemir por la excitación al verla desnuda en persona y en todo su esplendor. La mire caminar meneando su cadera, sobando su hermoso falo semierecto acercándose a mí poco a poco, parecía como una ninfa salida de la mitología mientras yo permanecía hincada en el sillón sobándome la entrepierna y mi rostro enrojecido por la lujuria.

Cuando quedo frente a mí y me dijo “¿Aún quieres ser como yo?, creo que siendo como somos cada una lo pasaremos mejor, ¿no crees?”. Acto seguido me tomó de los hombros, me puso de pie y comenzó a besarme introduciéndome la lengua la cual se enredó con la mía. A la vez empezó a acariciarme los senos que parecían explotar yo gemía descontrolada no atinaba a hacer nada más que sentir sus ardientes manos.

Después de unos ardientes besos, puso sus manos en mi s hombros y me empujó suavemente hacia abajo para que me arrodillara ante su polla erguida que yo sin dudarlo un instante introduje en mi boca. No estaba muy experimentada en el sexo oral, sin embargo me dejé llevar y lo hice lo mejor que pude. Como si se tratara de un caramelo, lo tomé en mis manos y comencé a lamer todo aquel mástil, luego me concentre en su cabeza dando pequeñas succiones girando la punta de mi lengua en la pequeña abertura de su pené.

Sandra gemía de placer supe que no lo estaba haciendo mal. Continué haciéndolo y al cabo de unos minutos comencé a meterlo y sacarlo de mi boca, succionándolo mientras le acariciaba sus testículos hasta que de pronto soltó unas gotitas de líquido preseminal. Su sabor algo salado me gusto mucho y lo trague todo.

Pasado un momento ella se separó de mi y se sentó en el sofá con las piernas abiertas y me dijo “Continúa, lo haces divinamente, cariño”. Y continué. Seguí lamiendo y chupando su polla mientras mi coño se convertía en una catarata. Miraba hacia su cara y veía aquellos pechos y aquel rostro femenino que jadeaba mientras llenaba mi boca con su pene, Todas esas visiones y sentimientos, me provocaban una mezcla de morbo y deseo desconocida hasta aquel momento.
CAPITULO IV
Sandra empezó a mover sus caderas follándome por la boca. Solté su miembro para que pudiera metérmela a su ritmo mientras yo le sobaba los testículos con con una mano y con la otra me masturbaba. Entonces tomó mi cabeza y la movió acompasándola a sus movimientos. Yo solo gruñía con semejante tranca en la boca, degustando tan deliciosa verga y gozando de la follada oral que me daba. Inclinándose hacia delante y sin dejar de penetrarme la boca, puso su mano en mi entrepierna y comenzó a penetrar con sus dedos en mi coño, que era una autentica catarata de flujo y placer.

“Ven aquí”, me dijo y me levantó del suelo para tirarse ella sobre la alfombra. “Ponme tu coño en la boca y sigue comiéndome como lo estabas haciendo”. Y así lo hice. Ella se colocó bocarriba y yo le puse mi coño como me había pedido formando un maravilloso 69. El placer fue increíble. Su lengua jugaba con mis labios, succionaba mi clítoris y me penetraba hasta el punto de volverme loca. Era la primera vez que alguien me comía el coño y jamás imaginé un placer tan enorme. Era delicioso sentir aquella lengua que se metía en mi vagina y que yo la quería más y más adentro.

Tuve el orgasmo mas bestial de mi vida. Mi vista se nubló y mis manos se cerraron con tanta fuerza sobre los testículos de Sandra que esta dio un respingo sacándome por un instante de mi pérdida de conciencia. Mi respiración estaba tan agitada como mi corazón que parecía que se me iba a salir por la boca. Sandra me echó a un lado y se sentó en el sofá con su pene perdiendo la dureza que momentos antes tenía en mi boca. “Siéntate encima y métetelo”, me dijo mientras yo aún recuperaba la respiración y la compostura, pues me encontraba tirada por el suelo de cualquier manera.

Me levanté e hice lo que Sandra me pidió mientras ella se ponía un preservativo en su polla que de nuevo comenzaba a recuperar su dureza. No fue difícil la penetración ya que los fluidos de mi coño me corrían hasta por la parte interior de mis muslos. Esto unido a la saliva que Sandra había dejado por todo él, hizo que su polla entrara hasta el fondo de una sola tacada.

Si su lengua había conseguido llevarme al éxtasis del placer, aquella polla me iba a llevar al cielo. Aunque en un primer momento fue el dolor el que tomó relevancia, ya que hasta entonces, la única polla que había visitado mi vagina era la de mi novio y sus dimensiones distaban bastante del tamaño de la de Sandra. Pero ese dolor desapareció a los pocos instantes, enseguida mi vagina se adaptó a esa polla, dilatándose hasta envolverla y darle su justo hueco dentro de mi.

“¡¡¡Asíííííí mi niña… hasta el fondo!!!” Jadeaba ella mientras yo subía y bajaba clavándome su mástil hasta notar sus huevos rozando mi clítoris. Todo a mi alrededor se desvanecía y una cortina salpicada de puntitos brillantes se colocaba ante mis ojos mientras me llegaba mi segundo orgasmo.
CAPITULO V
No pude más y me derrumbé a un lado cayendo en el sofá. Estaba extenuada y me dolían los muslos. Pero a Sandra aún le quedaban fuerzas y abriendo mis piernas y sin darme un respiro me volvió a follar mientras me decía que aún no había acabado y que no pensaría dejarla así.

Yo estaba en un sueño. Hasta ese día nadie me había hecho disfrutar tanto de mi cuerpo. Sandra continuaba penetrándome suavemente, metiéndola y sacándola entera, de forma que podía sentir toda su polla hincándose en mi coño y llegando hasta lo más profundo de mi vagina. La sentía dura, podía notar cada hinchada vena de su polla en las paredes húmedas de mi cueva.

Su ritmo pausado pero constante estaba consiguiendo que un nuevo orgasmo me llegara. Sus jadeos se volvieron más intensos y agitados y notaba como su polla se endurecía aún más. Yo me estaba volviendo loca de gusto y mi tercer orgasmo llegó.

Entonces ella sacó su polla y de un tirón extrajo el preservativo mientras se masturbaba sobre mi vientre. Un chorro caliente me salpicó la piel mientras ella se contorsionaba presa del placer de su orgasmo mientras yo, acariciándome los pechos, aún seguía disfrutando del mío.

Después de eso ella calló sobre mi y sentí como su polla iba perdiendo su dureza sobre mi vientre. Nos besamos hasta quedarnos dormidas victimas del cansancio y del placer.

Me desperté a las dos horas más o menos. Sandra estaba sentada en un sillón junto a mi y se masturbaba mirando mi cuerpo. “Dame tu leche”, le dije al ver su pollón de nuevo duro como una piedra.

Ella se levantó y poniéndomelo a la altura de mi cara, continuó masturbándose hasta que un chorro de leche caliente me llenó la boca y la cara. Se la chupé hasta dejarla limpia y hasta que ella presa de unos espasmos de placer, la sacó de mi boca.

Una vez se hubo repuesto, me invitó a darme una ducha y así lo hice. Al salir y dispuesta a irme para mi casa, la observé sentada en el sofá solo con una bata transparente con el pelo alborotado aún y las piernas cruzadas. Lucía realmente hermosa. En ese momento comprendí que lo que realmente me excitaba eran las hembras transexuales. Tenían toda la sensualidad del cuerpo de una mujer y la deliciosa verga del macho.

Me acompañó a la puerta del Salón de Estética y Masajes, nos despedimos y antes de salir Sandra me dijo que regresara pronto pues quería seguir con el tratamiento de belleza y masajes que habíamos comenzado esa noche. Le respondí que estaba deseando volver y que no tardaría mucho en hacerlo. Le di un beso en la boca y me marché.
A partir de ese día Sandra se convirtió en mi mejor amiga y de su mano conocí a otras transexuales y con las que, siempre de su mano, continué mis tratamientos de estética y masajes.

Actualmente tengo un hijo fruto de una amistad que comenzó en aquél salón de estética y masajes y que aún hoy perdura en el tiempo. Junto a ella he escrito esta pequeña historia haciendoos participes del nuestro secreto mejor guardado.
Hasta pronto. Besos.